Es un conjunto específico de aptitudes que se hallan implícitas dentro de las capacidades abarcadas por la inteligencia social. Las emociones aportan importantes implicaciones en las relaciones sociales, sin dejar de contribuir a otros aspectos de la vida. Cada individuo tiene la necesidad de establecer prioridades, de sentimientos mirar positivamente hacia el futuro y reparar los negativos antes de que nos hagan caer en la ansiedad y la depresión. En el ámbito de la psicología admite la consideración de inteligencia porque es cuantificable: constituye un aspecto mensurable de la capacidad individual para llevar a cabo razonamiento abstracto y adaptación al entorno; la inteligencia emocional se pone de manifiesto cuando operamos con información emocional.
La inteligencia emocional es, por tanto, un conjunto de talentos o capacidades organizadas en cuatro dominios:
- capacidad para percibir las emociones de forma precisa (es decir, capacidad de percepción).
- capacidad de aplicar las emociones para facilitar el pensamiento y el razonamiento.
- capacidad para comprender las propias emociones y las de los demás (empatía).
- capacidad para controlar las propias emociones.
Éstas habilidades como todas, pueden ser aprendidas con el tiempo y la práctica.
Las últimas investigaciones han aportado pruebas convincentes de la inseparabilidad esencial de la emoción y el razonamiento: sin sentimientos, las decisiones que tomamos pueden no ser las que más nos convienen, aunque hayan sido tomadas con aparente lógica. Cualquier noción que establezcamos separando el pensamiento y los sentimientos no es necesariamente más adaptativa y puede, en algunos casos, conducir a consecuencias desastrosas.
INTELIGENCIA SOCIAL: Claudio Salinas hace referencia con respecto a este estado, relacionarnos con el otro....


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Inteligencia emocional y cognitiva
En resumidas cuentas, parece ser que lo que nos va quedando es reanudar nuevamente y por fin, razón con emoción. No sé cuándo ni en qué lugar, nosotros lo humanos, nos deshicimos del traje primitivo y nos vestimos con el gris traje de la racionalidad. "La escuela vuelve viejos a los niños", decía Huidobro; yo creo que ya no es sólo la Escuela, si no que ahora se ha sumado la sociedad entera. Tanto individualismo, tanta competencia, tanta destrucción por sobrevivir. Harta falta nos hace recuperar a prontitud nuestra inteligencia emocional y volverla absolutamente operativa.
En lo personal, concuerdo con la idea de que los líderes del mañana serán los que tengan mayor operatividad en su inteligencia emocional: serán capaces de entenderse y de entender a los demás.
QUENO